Mi primera cámara me la regalaron a los 9 años. A partir de ahí lo mío con la fotografía ha sido una historia de encuentros y desencuentros, normalmente porque en mi cabeza veía imágenes que no era capaz de plasmar con una compacta de los tiempos del carrete. Por eso, cuando pude comprarme una cámara más versátil, descubrí un mundo de posibilidades en el que siempre puedes aprender algo nuevo, no importa cuánto tiempo lleves haciendo fotos.
Del cine y mis viajes he aprendido que observar y a buscar el momento perfecto, a conseguir esa mirada cómplice que se resiste a salir en un modelo.